Corría el cuarto domingo de Adviento y el nacimiento de Jesús comenzaba a verse en el horizonte e iluminaba a los Amigos-familias de SJATh que con el lema “El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz”[1] desde los cuatro países (Paraguay, Argentina, Bolivia y Brasil) donde estamos presente como comunidades de Hermanas de la Caridad en América Latina, y luego de una preparación alegre y responsable se ha realizado este “Primer encuentro latinoamericano de Amigos de SJATh” a través de las redes sociales, instrumento de comunicación que ayuda achicar las distancias, y a expresar la alegría del encuentro.

Sí, la alegría del encuentro, porque con este sentimiento y esta actitud hemos celebrado este evento que tuvo como objetivo, vivir la navidad al estilo de Juana Antida, al estilo del carisma y la espiritualidad que nos ha dejado con su testimonio, con su actuar y con su experiencia de Dios.

Hemos hecho memoria de tres cuados importantes del nacimiento de Jesús: la anunciación, representada desde la cultura brasilera, la visitación representada con las características de la cultura boliviana y el nacimiento, personificada por la cultura paraguaya, tres culturas que se han entremezclado con la cultura de argentina, que a través de las distintas intenciones, nos han ayudado a vivir este encuentro desde la realidad pandémica y social que estamos viviendo.

Nos hemos dejado iluminar por el mensaje de Papa Francisco, para la IV jornada mundial de pobres, que nos decía:

“Tender la mano es un signo, un signo que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor. En estos meses, en los que el mundo entero ha estado como abrumado por un virus que ha traído dolor y muerte, desaliento y desconcierto, ¡cuántas manos tendidas hemos podido ver! La mano tendida del médico… La mano tendida de la enfermera y del enfermero… La mano tendida del que trabaja en la administración… La mano tendida del farmacéutico… La mano tendida del sacerdote, de las religiosas, de los laicos amigos de SJATh… La mano tendida del voluntario… La mano tendida de hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y de seguridad. Y otras manos tendidas que podríamos describir hasta componer una letanía de buenas obras. Todas estas manos han desafiado el contagio y el miedo para dar apoyo y consuelo.”

Este gesto de tender la mano, nos recuerda el cómo Juana Antida, sirvió a los pobres, en las distintas situaciones donde ha ido engendrando el carisma y la espiritualidad que hoy nos convoca, nos interroga, nos da la oportunidad de dar gracias a Dios por este don, que ha puesto en nuestras vidas.

En los escritos de Juana Antida, no encontramos textos que nos hablen de la Navidad, porque todo el carisma y la espiritualidad ya nos hablan de la Navidad, a través de una espiritualidad encarnada, cerca de los pobres, devolviéndoles la dignidad de los Hijos de

Dios, potencializando sus capacidades, a través del anuncio de la Palabra de Dios, haciendo la experiencia del encuentro con Jesús, en sus distintos rostros, en sus distintas situaciones de pobreza.

Juana Antida nos dice: “Servir a Jesús en la persona de los pobres[2] y esta es nuestra misión como amigos, familias de SJATh, porque “Hemos escuchado la voz de nuestro prójimo, esparcido por toda la tierra, hemos escuchado la voz de los pobres, que son los miembros de Jesucristo, que son nuestros hermanos, y que deben sernos igualmente queridos sin importarnos de qué país son”[3]

Esta es nuestra Navidad, cada vez que descubrimos la presencia de Jesús en los pobres, y en los pobres la presencia de Jesús, como nos ha enseñado Juana Antida.

Así nos hemos preparado y celebrado juntos, amigos-hermanas, para celebrar este misterio de amor que se llama el Emanuel, el Dios con nosotros.

 

Hna. Monica Binda

[1] Is. 9,1

[2] Carta a las Hermanas de Vercelli, 14-11-1825

[3] Carta 28-12-1812