Para el Jubileo Internacional de la Vida Consagrada, nos llaman desde el Dicasterio Vaticano para que nos encarguemos de la animación de la Vigilia conclusiva en la basílica de San Pablo Extramuros. Nos miramos entre nosotras un poco preocupadas.
Pero enseguida nos damos cuenta de que el entusiasmo y las ganas de intentarlo son muchos. Entre nosotras hay voces coristas y solistas, no faltan instrumentistas, muchas de nosotras sabemos leer música, hay quien ya tiene experiencia en coros parroquiales o comunitarios…

Y así, en pocos días, están listos los cánticos a cuatro voces para la Vigilia conclusiva en la basílica, cantados por un coro numeroso, alegre, multilingüe e intergeneracional.
El paso al Coro Internacional se produjo a través de la colaboración con la Fundación Thouret: ¿por qué no proponer una meditación navideña con poemas y cantos de diversas partes del mundo?
Así, los Mercadillos Misioneros en la basílica de San Nicolás en Carcere y en la parroquia de Santa Prisca al Aventino fueron la ocasión para proponer los cantos y poemas navideños.
Finalmente, llegó la propuesta de los padres agustinos: los villancicos de las diversas tradiciones del mundo, frente al famoso belén de la plaza Navona, en Roma, la víspera de Navidad, junto con los frailes agustinos y de Roma y los feligreses de las parroquias agustinas de la ciudad.
La plaza estaba llena de gente y muchos se detuvieron con nosotros: algunos solo por curiosidad por los frailes y las monjas que cantaban, muchos otros participando con convicción y alegría en los villancicos en varios idiomas.


El 26 de diciembre, en tren o en coche, prácticamente toda la comunidad de la Casa Generalicia celebró una fiesta con nuestras queridas hermanas mayores de Civitavecchia.Cantamos juntos y escuchamos algunas «migajas» muy sabrosas de su larga y valiosa vida como Hermanas de la Caridad.
Ahora estamos ocupadas con nuestras propias liturgias: la Misa de Medianoche de Navidad, la próxima Primera Profesión… Pero el Bicentenario es sin duda la ocasión perfecta para continuar con paciencia y constancia con los ensayos.
Así hablaba del coro el inolvidable teólogo y poeta David Maria Turoldo:
«No hay nada más noble que el canto, virtud salvadora de la humanidad.Por eso, cuando un pueblo canta, aún hay esperanza.Nada une tanto los ánimos y los caracteres como un coro, cuando es un verdadero coro;cuando nos sentimos miembros de un coro, entonces la cita, el reencuentro y el sentirse necesarios para cantar, es como una reunión de enamorados.Entonces el sacrificio se convierte en alegría espontánea y estima por la vida.El canto nos muestra una realidad que merece ser deseada, nos muestra cómo deberíamos ser si fuéramos dignos del mundo.La voz humana, elevada en el canto, crea la oportunidad de desatar por un instante los candados del universo, permitiéndonos vislumbrar un fragmento de lo que ocultan: un destello de lo inefable».
hermana Paola Arosio
Comunidad de la Casa Generalicia, Roma







