El carisma de la Madre Thouret

El 11 de abril de 1799, en Besançon (Francia), en los difíciles tiempos de la Revolución Francesa, la madre Thouret fundó el instituto de las Hermanas de la Caridad.

Para Juana Antida y sus primeras compañeras, vivir según el Evangelio significó formar parte del viaje de la vida, situándose al lado de las niñas de familias pobres que pedían volver por fin a las aulas para aprender a leer y escribir, que querían volver a dirigirse a Dios, Padre de todos, con renovada confianza.

Para Juana Antida y sus primeras compañeras, siguiendo las huellas de Jesús, hombre entre los hombres, salían cada día de casa para ir al encuentro de las personas en sus humildes viviendas, para pasar tiempo junto a quienes sufren, están solos, olvidados, abandonados, reconociendo en cada uno de ellos el rostro de Jesús a quien amar y servir.

Para Juana Antida y sus primeras compañeras, dejarse llevar por el soplo del Espíritu Santo significó instalarse en la antesala del infierno de la cárcel de Bellevaux, en Besançon, para compartir con las reclusas la dureza de esa experiencia, para devolverles la dignidad, la esperanza, el deseo de orar, de pedir perdón, de volver a empezar.

Para Juana Antida y sus primeras compañeras, ser hijas de la Iglesia significó dejarlo todo para ir allí donde la vida llama, donde la Iglesia envía, más allá de los límites de su propia diócesis, a Saboya, a Suiza, a Nápoles, al Piamonte, para contribuir a la maduración de una historia «nueva», de cercanía, de ayuda mutua, de esperanza.

Incluso en medio de las contradicciones y los fracasos: ¡poniendo toda la confianza y la esperanza en ¡solo en Dios!

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