El Centro Clínico St. Agostina Health Center se ha desarrollado y ampliado desde los inicios de la Misión de las Hermanas de la Caridad en Shire Endaselassie, en Tigray, comenzando como un pequeño dispensario, ampliándose a una clínica con consultas y laboratorio de análisis, hasta convertirse en un centro de salud con la incorporación de un departamento de radiología y maternidad.

Dirigido desde sus orígenes por una hermana de la Caridad, a menudo enfermera, ahora está dirigido por la hermana Mary Elrouman, que coordina un equipo compuesto por médicos, directores sanitarios, numerosos enfermeros especializados en diferentes ramas, auxiliares y administradores, con un total de unas sesenta personas.
Actualmente, el centro atiende diariamente a entre 250 y 300 personas, algunas de ellas procedentes de aldeas lejanas.
Durante la violenta guerra que tristemente afectó a todo Tigray entre 2020 y 2022, gracias a la generosidad, el coraje y la audacia de su personal, el centro de salud permaneció siempre abierto y en funcionamiento, dispuesto a acoger a quienes lo necesitaran, sin distinción de facciones, bandos o afiliaciones. Ha curado heridas y las numerosas consecuencias de la atroz violencia, logrando resistir y continuar tratando y sanando.
Ha vivido y vive esa cercanía de la que habla el Papa León en el mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 2026: «Ser prójimo no depende de la cercanía física o social, sino de la decisión de amar. Por eso, el cristiano se hace prójimo de quien sufre, siguiendo el ejemplo de Cristo, el verdadero Samaritano divino que se acercó a la humanidad herida.
No se trata de simples gestos de filantropía, sino de signos en los que se puede percibir que la participación personal en los sufrimientos del otro implica donarse a sí mismo, significa ir más allá de la satisfacción de las necesidades, para llegar a hacer que nuestra persona sea parte del don».


Reconocemos que la dedicación de las hermanas y la pasión que el personal siente por su trabajo permiten seguir sirviendo con generosidad y calidad a gran parte de la población.
Durante la guerra, muchos se refugiaron en las escuelas públicas frente a la misión y siempre fueron ayudados por las hermanas: actualmente, estos refugiados son acogidos, atendidos y apoyados por la propia misión, manteniendo su característica de ser la Casa de la Caridad.
El durísimo conflicto ha causado traumas en todos, especialmente en los niños y las mujeres, y ahora es el momento de pensar en la reconstrucción, no solo de los muros que se han vuelto inestables y de los cimientos que se derrumban, sino también y sobre todo de las vidas y el futuro.

Gracias al apoyo de la Conferencia Episcopal Italiana, podremos ofrecer a parte del personal de la misión cursos de formación que les permitan tener la preparación adecuada para la recuperación y el apoyo psicológico de muchos.
Que Santa Agustina acompañe y sostenga este proyecto de caridad que lleva su nombre y que vive la verdadera caridad.