A los 5 años, cuando ingresé en el Instituto Sainte Jeanne Antide, no sabía que esa escuela marcaría cada etapa de mi vida.
En la escuela Jeanne-Antide crecí, aprendí y luego enseñé antes de convertirme en su directora.
Este camino ha estado marcado por los valores de Santa Juana Antida, transmitidos con generosidad por las hermanas y mis mentores.

Desde mi infancia, el sentido del servicio y del compartir me fue inculcado a través del MEJ (Movimiento Eucarístico Juvenil), Cáritas y los campamentos de verano. Estas actividades me enseñaron a escuchar, a darme a los demás y el poder del trabajo en equipo.
La oración también alimentó mi fe y me guió en mi vida personal y profesional.
La escuela fue un lugar de rigor y benevolencia, encarnado por figuras inspiradoras: la hermana Claude, que marcaba el ritmo de nuestros días con rigor, la hermana Angèle-Marie, siempre cercana a sus alumnos, o la hermana Madeleine, que me enseñó la humildad y el sentido del deber. Entre los profesores, la señora Nabila Antoun y la señora Wafaa Sidrac supieron guiarme con precisión y ánimo.
Animada por la hermana Wafaa y luego apoyada por la hermana Pauline, me atreví a emprender mi máster para acompañar a los jóvenes profesores. Este deseo de transmisión, heredado de mis modelos, guía mi compromiso. Hoy, como directora, me comprometo a perpetuar el espíritu de Santa Juana Antida, que sigue inspirando mi acción educativa.
Trabajar junto a nuestras hermanas es una oportunidad muy valiosa, ya que sus vidas encarnan la visión y el compromiso que hacen de esta escuela un auténtico centro de educación y amor.
