En el corazón de la ciudad de Bocaranga se encuentra un oasis de conocimiento, valores y transformación humana. No es solo un lugar donde se aprende, sino un auténtico santuario educativo donde generaciones de estudiantes han sido formadas con rigor, fe y esperanza.
En este contexto, tuve el inmenso privilegio de completar gran parte de mi trayectoria escolar, lo que me marcó de forma duradera a nivel intelectual, moral y espiritual.

Este lugar excepcional nunca habría tenido la misma importancia sin el compromiso profundo y desinteresado de las hermanas de la caridad de Santa Giovanna Antida Thouret.
A través de ellas, descubrí la importancia de la educación como palanca de dignidad, responsabilidad y elevación. Su presencia discreta pero eficaz, su constante dedicación y su capacidad para sembrar semillas de esperanza en un contexto a menudo difícil las convierten en silenciosas artífices del progreso social. Gracias a ellas, nuestro instituto Beata Nemesia de Bocaranga siempre ha encarnado valores fundamentales: el respeto por los demás, la fe en el futuro, el sentido del deber y el amor por el bien común.
Como antiguo alumno, no puedo permanecer en silencio ante el legado que me ha dejado este entorno. Cada enseñanza recibida, cada consejo dado, cada momento compartido me ha preparado no solo para enfrentarme al mundo exterior, sino también para convertirme en un ciudadano comprometido, dispuesto a servir a mi comunidad.
Hoy, mientras continúo mis estudios superiores, mido con gratitud el impacto que mi escuela ha tenido en mi vida, que no es solo un lugar de aprendizaje, sino un verdadero crisol de transformación social, donde cada estudiante es tomado en serio, valorado y preparado para afrontar los retos del mundo con fe, competencia y humanidad. El ambiente de aprendizaje era exigente, pero profundamente humano. Se formaban las mentes, por supuesto, pero sobre todo los corazones.
Aún hoy, cada vez que pienso en mi trayectoria, recuerdo con inmensa gratitud esa escuela y esos profesores. En particular, las monjas supieron combinar fe y razón, disciplina y rigor, exigencia y benevolencia. Su trabajo merece ser reconocido, valorado y apoyado por todas las almas de buena voluntad.
Yo, Mahamat-Younous, testigo directo de la labor realizada en Bocaranga, deseo rendir este homenaje a las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret y a todo el equipo educativo que trabaja incansablemente.
Este testimonio es mucho más que un recuerdo: es un reconocimiento solemne, un llamamiento a preservar esta llama educativa y una plegaria para que el espíritu de la Beata Nemesia siga iluminando a otros jóvenes para que se comprometan más en sus respectivas comunidades.
Muchísimas gracias desde lo más profundo de mi corazón.
Mahamat-Younous
Antiguo alumno del instituto Beata NEMESIA de Bocaranga
