La comunidad de Niza de las Hermanas de la Caridad tuvo la alegría de poder estar presente en la plaza de la iglesia de Santa Devota, donde el Papa se reunió con los jóvenes y los catecúmenos jóvenes y adultos del Principado de Mónaco.

Tras agradecer la acogida al arzobispo de Mónaco, monseñor Dominique-Marie David, el Papa recordó la historia de la santa a la que está dedicada la iglesia, mártir de Córcega. «Una joven valiente, que supo dar testimonio de su fe frente a la violencia de los perseguidores», bajo el emperador Diocleciano.

Su mensaje «de paz y amor del Evangelio» ha llegado «lejos», a pesar del intento de «aniquilarla», añadió. «Nos ayuda a reflexionar sobre el hecho de que el bien es más fuerte que el mal».

El Papa destacó la necesidad «de oración, de espacios de silencio, de escucha, para acallar la frenética actividad de hacer y decir, de los mensajes, de los vídeos, de los chats, y para profundizar y saborear la belleza de estar verdaderamente y concretamente juntos». De ahí la invitación a vivir la Semana Santa que se avecina en «un clima de escucha de la voz del Espíritu y de lo que ocurre en el propio corazón, haciendo de ella una ocasión para una revisión serena y profunda de la propia vida».

Tras agradecer la acogida al arzobispo de Múnich, monseñor Dominique-Marie David, el Papa recordó la historia de la santa a la que está dedicada la iglesia, mártir de Córcega. «Joven valiente, que supo dar testimonio de su fe frente a la violencia de los perseguidores», bajo el emperador Diocleciano. Su mensaje «de paz y amor del Evangelio» ha llegado «lejos», a pesar del intento de «aniquilarla», añadió. «Nos ayuda a reflexionar sobre el hecho de que el bien es más fuerte que el mal».