Estamos en tiempo de Adviento, Adviento, tiempo de esperanza…
Una esperanza verdadera y segura, fundada en la fe en Dios Amor, que «amó tanto al mundo que dio a su Hijo único» (Jn 3, 16).
Una Esperanza que no es vaga ni ilusoria, sino cierta y fi able, porque está «anclada» en Cristo, Dios hecho hombre, roca de nuestra salvación.
Nuestra Esperanza, como la de Juana Antida, tiene sus raíces solo en Dios para orientarse hacia el servicio, el don de sí misma, en la comunidad, en la misión. Como nuestra fundadora, mujer de esperanza, nos comprometemos a hacer crecer la Esperanza en este mundo, a través de un servicio concreto y útil, viviendo diariamente la caridad hacia los más pequeños.
