Desde el escuela San Roque González de Santa Cruz, la profesora Liliana Vera, a raíz del encuentro de la Thouret School Netword  — que conecta a los colegios de las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida— quiso hacernos llegar su reflexión:

Un impegno che viene dal cuore

Queridas hermanas y colegas de la Red Thouretiana,

Me dirijo a ustedes en este encuentro, un espacio que siempre nos renueva en el espíritu y nos recuerda la profunda belleza de nuestra vocación.

En la Escuela San Roque González de Santa Cruz, en el corazón de Fernando de la Mora, vivimos a diario la herencia de Santa Juana Antida, una misión que no es solo educar, sino amar y transformar.

Nuestra Identidad como educadoras se construye sobre un cimiento inquebrantable: la dignidad de la persona. Esta no es una frase en un manual, sino la lente a través de la cual miramos a cada niño y niña que cruza la puerta de nuestra institución. Trabajar con ellos es un privilegio sagrado.

En cada aula, en el recreo, en la corrección o en el abrazo, ponemos en práctica el principio de que son hijos amados de Dios, merecedores de respeto y de la mejor formación que podamos ofrecer. Mi labor como docente es, ante todo, ser testigo de esta dignidad, ayudando a que cada pequeño descubra el tesoro que lleva dentro.

Es en la Misión donde se manifiesta el carisma Thouretiano con toda su fuerza. La solidaridad y la caridad evangélica son el motor de nuestro día a día. ¿Cómo se traduce esto en el trabajo con los niños y niñas? Se traduce en enseñarles a compartir la merienda, a levantar al compañero que ha caído, a escuchar al que está triste.

Significa inculcar no solo conocimientos, sino también la empatía que nos convierte en una verdadera comunidad. A través de actividades sencillas y del ejemplo constante, moldeamos corazones capaces de mirar al otro con la misma ternura con la que la Hermana Juana Antida miraba a los necesitados.

Me siento profundamente conforme y agradecida de ser parte de esta gran labor.

Hay una satisfacción que trasciende el sueldo y las vacaciones: es la certeza de estar “dejando huella en el corazón de las personas” con las que me toca trabajar. Sé que cada palabra de aliento, cada lección impartida con amor, y cada momento de escucha atenta, permanece.

Aunque la demanda de trabajo es constante y los desafíos nos llevan a estar siempre activas y, a veces, a movernos entre varias necesidades, me siento esencialmente parte de esta familia.

Mi esperanza y compromiso siguen firmes: continuar sumando con mi granito de arena, llevando la luz de este carisma a los corazones de los niños y niñas que aún me faltan por guiar.

Que el Señor y Santa Juana Antida sigan bendiciendo nuestro camino.