Besançon, tras una magnífica vigilia en la catedral, donde 21 catecúmenos recibieron el bautismo, tras dar la bienvenida al amanecer pascual en una celebración ecuménica, tras una misa solemne, el Señor nos ha reunido para cantarle, para alabarle y también para compartir nuestra fraternidad.
Sí, en este día de la Resurrección del Señor, nos hemos reunido 34 hermanas de Sancey, de Les Fontenelles y de L’Escale en la comunidad de la calle des Martelots, 2, en Besançon, para un encuentro fraternal; también se nos han unido dos vecinas. Sencillamente, alrededor de la mesa para la comida festiva, hablamos de todo y de nada. ¡
La alegría del reencuentro es un placer, tan necesario para revitalizar nuestro compromiso y la misión de cada una!

La fraternidad continúa con pequeños grupos de juegos, de paseos…
Esta es la obra del Señor. Damos gracias a Dios por este hermoso día. Que la luz de nuestro Señor Jesucristo resucitado nos ilumine y, a través de nosotras, ilumine a aquellos con quienes nos encontremos; que Él nos acompañe en el día a día. Que la paz de Cristo reine en esta tierra.Al igual que María Magdalena, que se apresuró a anunciar la Resurrección, también nosotras salimos a proclamar esta Buena Nueva:
«¡No temáis! Id a anunciar» Anunciar la Pascua es afirmar que Cristo mismo es la buena nueva que hay que dar a conocer al mundo: la Pascua del Señor es nuestra Pascua, la Pascua de la humanidad, pues este hombre, que murió por nosotros, es el Hijo de Dios, que dio su vida por nosotros.
Así como el Resucitado, siempre vivo y presente, libera al pasado de un final destructivo, del mismo modo el anuncio pascual rescata nuestro futuro de la tumba».
Papa León XIV.«Cristo ha resucitado. Ha resucitado verdaderamente, Aleluya».
Hna Son














