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«Sorelle Dayak» – Lia Beltrami, premiada

El evento que, desde hace más de 20 años, aúna en el Principado de Mónaco los negocios y la solidaridad, ha galardonado estos últimos días en Montecarlo a la directora y productora

Rosario Tronnolone – VaticanNews

Contar el bien que se hace. Esa es la idea en la que se basa el Monaco Charity Film Festival, que se celebra en Montecarlo desde hace 21 años y que este año ha premiado como mejor productora y directora a Lia Beltrami, quien —según reza la motivación del premio— lleva 35 años «comprometida con la promoción de la caridad y la fraternidad en el cine y en el mundo», con un «compromiso constante» y una «gran capacidad artística» que le permite «tocar los corazones con amabilidad y determinación».

Lia Beltrami, antes que nada, ¿cuál es la historia del Monaco Charity Film Festival?

Es un festival que aúna el mundo de los negocios de Montecarlo con la solidaridad y la fraternidad. Nace de una idea de Vicente Saragozza, uno de los pilares del Principado de Mónaco. Nacido en Filipinas, recibió ayuda de niño en su país natal y, cuando se hizo adulto, y luego también en la tercera etapa de su vida, decidió devolver todo el bien que había recibido con proyectos de solidaridad en Filipinas y, desde hace veintiún años, con este Festival. Porque, como nos ha dicho en varias ocasiones el papa Francisco, la caridad hay que contarla, hay que comunicarla, ya no es tiempo de silencio: debemos, como hacéis vosotros también con la radio, poner de relieve la caridad. Y por eso, Vicente Saragozza fundó el Monaco Charity Film Festival, que se celebra cada año en un entorno muy exclusivo, reuniendo a personas de diferentes procedencias y sensibilizándolas en el compromiso a favor de quienes no tienen acceso a los bienes de primera necesidad. Y el cine se convierte así en un lugar muy importante: se realizan proyecciones, hay un debate y se crean contactos.

Las obras que has presentado este año eran tres, una de las cuales era «El hombre de polvo y arena», dedicada al artista Marcello Silvestri, recientemente fallecido. ¿Cuáles eran las otras?

«Sorelle Dayak», que he producido yo mismo y que ha dirigido mi hija Marianna Beltrami, que narra un día en la vida de las hermanas Dayak en Borneo, las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret, que viven en estrecha simbiosis con la creación. El documental las sigue en su actividad cotidiana, desde que toman el barco para ir a hacer la compra hasta su trabajo con los niños. Es un retrato de delicado toque de estas monjas que están ahí en primera línea también para defender el planeta. La tercera película de la que me he encargado de la producción, dirigida por una mujer iraní, Zoreh Zamani, una mujer de gran talento, se titula «Numan». Es un cortometraje de treinta minutos que Zoreh ha rodado en Irán y que cuenta la historia de una chica, portera de un equipo de fútbol femenino, que entrena a escondidas en la playa. Un vagabundo que vive en la playa la defiende de la violencia de su novio y luego se descubrirá también la historia de este vagabundo que era, antes que ella, el portero del equipo de fútbol. Se trata de una película realizada en un contexto muy difícil y para mí es importante apoyar el trabajo de las mujeres directoras en lugares complejos. Tres obras aparentemente muy diferentes, pero unidas todas por intentar contar la belleza de Dios en el amor a los hermanos: este es el hilo conductor de esta hora y media de proyección que pudimos admirar en el Monaco Charity Film Festival, junto con las fotografías de la exposición «Open Doors», realizada en colaboración con el Dicasterio para la Comunicación, que habíamos presentado hace un año en el Vaticano, siempre con el objetivo de crear algo que permita al espectador abrir, a través del arte, la puerta del corazón y empezar a salir «al encuentro».

Un premio como el de «Mejor Productora y Directora», ¿qué ha significado recibirlo?

Es un trabajo exigente y difícil, que a menudo se encuentra con muchos obstáculos, por lo que cuando ocurre algo tan bonito, esto da una inyección de confianza, no solo a mí y a las personas que trabajan conmigo, como mi marido Alberto Beltrami, que estaba conmigo y que compone la música de las películas, sino también, por ejemplo, a Zoreh Zamani. Imaginemos a una directora que vive en Irán en este momento, que no ve ninguna esperanza para el mañana: compartir con ella este premio se convierte en un paso importante, se convierte en algo que le infunde un poco de valor. Lo mismo vale para la familia de Marcello Silvestri, al saber que incluso en esos lugares se escucha su potentísimo mensaje y se percibe la fuerza de su pintura. Y también compartir este premio con las monjas de Borneo se convierte en una forma de sentirnos todos parte de la familia humana. Así que espero, tras treinta y cinco años, que este premio me dé la energía y la pasión para iniciar nuevos proyectos y llevarlos adelante, porque tenemos muchos en camino, muchos hechos también con vosotros, y listos para seguir adelante. Es un poco como repostar: de vez en cuando es necesario llenar el depósito del coche para continuar el camino.

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