Alepo, el compromiso de los activistas cristianos por los ancianos solos en la emergencia Covid-19

Los sirios están “cansados y exhaustos” por la guerra, “indignados” por las políticas occidentales y “ultrajados” por las sanciones. La crisis económica exacerbada por la pandemia del nuevo coronavirus. Los proyectos de apoyo y solidaridad promovidos por los maristas azules. Una iniciativa que va más allá de la emergencia.

Como todos los sirios “estamos cansados y exhaustos”, además que  “indignados” por las políticas occidentales y “ultrajados” por las sanciones impuestas “a 17 millones de sirios que viven en los territorios bajo el control del Estado”. Es cuanto denuncia en la 39na “Carta desde Alepo”, Nabil Antaki, médico de los Maristas Azules, en primera fila en la lucha contra el nuevo coronavirus, e se suma a los desastres-económicos y sociales”- provocados desde hace más de 9 años de sangriento conflicto y el embargo internacional. “A veces-prosigue- pensamos dejar todo y no hacer más nada. Sin embargo, cuando pensamos que los otros están necesitados, ahora más que nunca, de nuestra presencia, de nuestro apoyo y nuestra ayuda, reiniciamos con más vigor el camino de la solidaridad”.

Desde la guerra a las sanciones. del Caesar Act emanado por los EEUU contra Damasco y la clase económica, pasando por la pandemia de Covid-19 son muchos los obstáculos y los sufrimientos que afectan cada día más a la población civil siria. El pueblo, explica el médico cristiano, “no sabe a qué santo pedirle”. Los dramas continúan, no son todos iguales pero, llevan al mismo resultado: el de continuar a hacer sufrir” a personas que quieren “sólo vivir en paz” y en modo los más “digno” posible.

Los habitantes de Alepo festejaron la avanzada militar con un mixto de alegría y esperanza, para un futuro mejor después de nuevos años de sufrimiento y miseria. Pero “tuvieron apenas tiempo de alegrarse y gozar de una vuelta a la vida normal-explica Nabil Antaki cuando la crisis del coronavirus inició”. Para detener la difusión del virus las autoridades cerraron todo: “escuelas, universidades, fábricas, oficinas, negocios y todos los lugares públicos”, además de introducir el toque de queda. “Los sirios, en general y los alepinos, en particular, siguieron las instrucciones-confirma- usando mascarillas, evitando besarse (muy difundido en Oriente) y usando soluciones desinfectantes.

Hasta ahora se señalan 293 casos de Covid-19 y nueve decesos en Alepo, tanto que “el confinamiento fue revocado». «Entonces universidades, fábricas y negocios reiniciaron todas las actividades”. Estas medidas, agrega Antaki , han “paralizado la vida social y congelado todas las actividades económicas que estaban luchando con mucha fatiga para recomenzar”. En este contexto la situación económica es “catastrófica”, la inflación galopante y surgen siempre más narraciones dramáticas bajo el perfil humano y social, tanto que “los sirios están ¡cansados, desesperados y deprimidos”!.

De aquí la elección de los maristas azules de Alepo de promover iniciativas humanitarias dedicadas justamente a las consecuencias de la pobreza difundida y de las clausuras. del distanciamiento, del aislamiento impuestos por la pandemia de coronavirus. El drama de la enfermedad evidenció una ulterior emergencia: los ancianos que viven solos “sin más la propia familia en Siria, algunos obligados a estar en la cama o enfermos y que, a causa del confinamiento. no tenían más a nadie les llevase de comer”.

Para ellos los activistas cristianos promovieron un nuevo proyecto llamado “Solidaridad Corona”. “En los últimos 3 meses-narra Nabil Antakari- y mujeres de los Maristas Azules cocinaron un comida caliente para 125 personas”. Hacia la hora del almuerzo los jóvenes voluntarios “lo distribuyen en las casas de los beneficiados. Con la comida les dan pan, fruta, su presencia y su escucha”.

“Descubrimos-concluye- cuánto sea difícil para estos ancianos vivir solos y cuánto están necesitando sentirse acompañados y llenos de calor humano, una atención y ver una sonrisa. Esto es lo que hacen los voluntarios”. Así un proyecto que “tendría que haber sido limitado en el tiempo” ahora continúa y se concretiza sobre todo en “viudas y viudos de edad comprendida entre los 80 y los 95 años” que viven solos (o con hijos discapacitados) en condiciones inhumanas. sin famili, sin apoyos”.

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